Netflix intensifica su campaña para comprar Warner Bros. Discovery

Lo que parecía una disputa relativamente controlada entre Paramount Skydance y Warner Bros. Discovery (WBD) acaba de desordenarse por completo. Netflix, tradicionalmente reacio a adquisiciones multimillonarias, está ejecutando una ofensiva de lobby tan agresiva como estratégica que ya empezó a inquietar a sus rivales y a mover las piezas dentro del Departamento de Justicia de Estados Unidos.

La campaña, liderada por Ted Sarandos, busca desactivar el mayor obstáculo que enfrentaría Netflix en este intento: las preocupaciones antimonopolio. Y según fuentes cercanas al proceso, esa operación de seducción política y regulatoria está funcionando mejor de lo que muchos esperaban.

WBD está a punto de entrar a su segunda ronda de ofertas, un momento decisivo donde las empresas interesadas deberán elevar propuestas o retirarse. Hasta hace una semana, Paramount Skydance —con el respaldo de David y Larry Ellison— parecía tener ventaja. Su oferta ronda los 25 dólares por acción, equivalentes a 60 mil millones de dólares, una cifra alineada con el valor del conglomerado, que incluye el estudio Warner Bros., HBO Max, CNN y otras propiedades de cable.

Comcast también presentó su propia propuesta, lo que ya elevaba la temperatura en la sala. Pero la entrada repentina de Netflix abrió un segundo frente que nadie había previsto con seriedad. Después de todo, Netflix siempre evitó absorber grandes corporativos, tanto por estrategia como por costos. Esta vez, sin embargo, parece decidida a romper esa regla.

El argumento que está inclinando la balanza

Netflix encontró una narrativa legal que está causando estragos: la llamada “ambigüedad de categoría”. Este concepto sostiene que los servicios de streaming no constituyen un mercado cerrado ni tradicional, debido a que compiten indirectamente con plataformas masivas como YouTube, Facebook y TikTok. En ese ecosistema, el contenido no tiene una frontera clara ni un precio medible con precisión, lo que —según Netflix— vuelve irrelevantes las reglas antimonopolio aplicadas a fusiones clásicas.

La compañía está convenciendo a miembros del consejo de WBD y a personal clave del Departamento de Justicia de que la unión entre Netflix y HBO Max no equivale a una concentración prohibida. En teoría, el mercado del entretenimiento ya es tan amplio y fragmentado que la operación no reduciría la competencia.

Un asesor legal rival fue contundente al describirlo: “Desde el punto de vista antimonopolio, es una completa locura… pero funciona.”

La puja por WBD también se ha politizado. Trump ha expresado su simpatía hacia la oferta de los Ellison, no solo por afinidad personal sino por motivos estratégicos: la idea de reducir el tono crítico en CNN. Ese apoyo otorgaba ventaja a Paramount Skydance, especialmente en un entorno regulatorio que se ha mostrado más flexible bajo su administración.

Pero incluso en ese contexto, la narrativa legal de Netflix comenzó a erosionar esa ventaja. Reguladores que inicialmente veían el acuerdo como inviable ahora están evaluando seriamente si la operación cumple con los criterios técnicos para sobrevivir un análisis antimonopolio.

En paralelo, Trump mantiene una fuerte animadversión hacia Brian Roberts, CEO de Comcast, por el rol editorial de MSNBC. Eso deja a Netflix y Paramount Skydance como los dos grandes finalistas, pero con una diferencia clave: Netflix no busca comprar todo el paquete.

El atractivo financiero de dividir WBD

WBD llevaba meses analizando la posibilidad de separarse en dos compañías: una centrada en streaming y estudio, y otra dedicada al negocio de cable. Para esa estrategia, Netflix encaja mejor que Paramount Skydance.

Netflix solo quiere el estudio Warner Bros. y HBO Max. Eso permitiría maximizar el valor de esos activos sin cargarlos con las propiedades tradicionales de cable, cuyo desempeño financiero es mucho menos atractivo.

Paramount Skydance, en cambio, busca absorber el conglomerado completo, lo que reduciría la valuación efectiva de los activos más codiciados.

Ese matiz —aparentemente técnico— está influyendo fuertemente en la junta directiva de WBD, que quiere obtener el máximo rendimiento posible en una industria donde el cable pierde suscriptores año tras año.

A pesar del momentum que ha ganado, Netflix enfrenta obstáculos reales. Abogados de Paramount Skydance aseguran que el Departamento de Justicia podría bloquear la unión de dos servicios de streaming con peso global y un estudio mayor. Aunque el argumento de la ambigüedad ha tenido eco, sigue siendo una teoría no probada y polémica.

La reacción del mercado también preocupa. En el último mes, las acciones de Netflix cayeron casi 10% tras conocerse su interés por WBD. Los inversionistas temen que una adquisición de esta magnitud altere su modelo operativo, dispare los costos y comprometa su estabilidad.

Netflix nunca ha integrado una corporación de este tamaño. Un movimiento mal ejecutado podría congelar su crecimiento, justo cuando su negocio de publicidad y su expansión internacional viven un momento crítico.

Los próximos días serán decisivos. WBD abrirá la ronda final de ofertas y cada jugador deberá revelar su mejor carta. El proceso, que solía verse como una competencia controlada, hoy es una disputa fracturada por política, lobby, regulación y estrategia empresarial.

Paramount Skydance podría seguir con ventaja por el apoyo político. Netflix podría imponerse si logra convencer a la junta de que la operación es más limpia, más rentable y menos riesgosa a largo plazo. Comcast permanece como un factor impredecible.

Lo cierto es que esta lucha ya dejó de ser una simple compra corporativa. Es un choque de modelos de negocio, de narrativas legales y de poder político. Y Netflix, el jugador que parecía llegar tarde, hoy disputa de tú a tú el control del estudio más importante de Hollywood.

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